Reseña “Resolución de conflictos desde la filosofía aplicada y desde la mediación” José Barrientos Rastrojo | Es Filosofia

BARRIENTOS RASTROJO, José: Resolución de conflictos desde la Filosofía Aplicada y desde la Mediación. Manual formativo, Visión, Madrid, 2011. 327 pp.

 

José Barrientos Rastrojo, profesor en la Universidad de Sevilla, tiene en su haber una veintena de títulos, como Introducción al asesoramiento y la orientación filosófica (2004, 005), Filosofía aplicada a la persona y a grupos (2008, 2009) e Idea y proyecto (2010), constituyen manuales básicos de estudio de la disciplina. Ahora, presenta Resolución de conflictos desde la Filosofía Aplicada y desde la Mediación, un manual de consulta que además de resultar una herramienta útil para los especialistas supone una introducción a ambas disciplinas muy completa. Pese a que tanto la Mediación como la Filosofía Aplicada tienen su carácter propio, con una metodología definida, la inclusión de ambas en un mismo manual poniéndolas en contacto, y no ya comparándolas sino contrastando las propuestas de una con la otra, da un resultado que puede enriquecer a estas disciplinas. Dado que ambas se encargan de la “gestión de los conflictos”, a la sazón tema que vertebra este manual, la puesta en contacto parece pertinente en un libro que pretende dar un utillaje básico.

Desde el comienzo, se encamina sin demasiados preámbulos al quid, recordando una frase de Ortega: “la vida es problema” (pág. 19), entendiendo problema como cualquier conflicto con el que podamos encontrarnos en nuestra vida diaria. Ahora bien, ¿cómo enfrentarnos al problema? ¿Qué estrategia seguir? Aludiendo a los diferentes “tipos de niños” que podemos encontrar en un patio de colegio (el que se “porta –excesivamente– bien”, aburrido y anodino; el “busca-peleas”, agresivo y rebelde; el conciliador, apacible y buscado), nos damos cuenta que lo importante no es ya el conflicto en sí, sino la manera en que posicionamos ante él, y cómo lo integramos en nuestra vida. Así, “una gestión adecuada del conflicto no sólo produce heridas, sino que nos va a ir creando como sujetos” (pág. 21), apunta Barrientos en la introducción. A partir de este momento nos encontramos con dos metodologías de trabajo que tanto a nivel personal como con un trabajo con terceros van a buscar esta “gestión adecuada”, como es a través de la Mediación y de la Filosofía Aplicada.

Antes que nada, debemos estar al tanto del conflicto, qué es el conflicto y cómo reconocerlo. Para ello se dedica un capítulo previo que profundiza en las distintas definiciones y fases del conflicto. A efectos prácticos, para las disciplinas de las que trata el manual, son dos las caracterizaciones que nos interesan son (1) Conflictos de ideas y conflictos de creencias y (2) Conflictos de posesión (pág. 33-34), a saber, (1) estaría referido –por ser escuetos– como bien cita Barrientos, a las dimensiones del sujeto, en tanto que “las ideas se tienen y sobre las creencias se está”, más cercano a un litigio interno o intelectual; mientras que (2) nos aproxima más al conflicto por la obtención de un bien. Es muy interesante la importancia que toman los ejemplos prácticos, que exponen “problemas reales”, y que a lo largo de la presentación toman entidad propia al convertirse en la base de la explicación. Por ejemplo, al ver el desarrollo del conflicto, cómo evoluciona, conocemos sus fases a través de historias particulares. Esto muestra la implicación con la vida práctica que toman la Mediación y la Filosofía Aplicada.

El Bloque I del libro está dedicado a la Mediación, disciplina venida desde el mundo anglosajón que en las últimas décadas está tomando importancia. La finalidad de esta es la “resolución de conflictos”, donde un mediador a través de “mecanismos consensuales” pretende que las partes que integran el conflicto lleguen a un acuerdo beneficioso para ambos en un “proceso no adversarial” (pág. 51). Esto es, buscar una cierta equidad en una confrontación que no implique el esquema “ganar-perder”.

Y como lo que se busca es la “resolución del conflicto”, el método de trabajo que se nos expone va encaminado a abrir las perspectivas dentro de propio conflicto, ya que una negociación fructífera es la que juega con varias opciones. En general, como ya he dicho anteriormente, más que profundizar en el conflicto mismo, lo que Barrientos nos conmina a abordar con mayor interés es a las partes implicadas en el litigio. Así no es raro encontrarnos muy prontamente ya en el capítulo II del primer bloque el análisis de las necesidades y los intereses que no ya se ven envueltas en el conflicto, sino que se generalizan a las necesidades y los intereses del sujeto particular implicado. Eso sí, todo se ve envuelto con un cierto aire de oficialidad y contractualismo cuando anteriormente, al aludir a la forma del proceso mediador, nos encontramos con una serie de fases y formas definidas de “contrato” que testifique que la mediación ha llegado a un acuerdo satisfactorio (cap. I, punto 2)

Tras esto, nos dirigimos, por razón de distintas actuaciones contempladas dentro de la Mediación, al esclarecimiento del conflicto, mostrando cómo llevar el tratamiento con las partes, la actitud que el mediador debe mostrar y canalizar la de los litigantes, etc. Los capítulos IV y V hacen hincapié en la escucha activa y en otra serie de recursos para que el diálogo y la comprensión del problema vaya en una progresiva clarificación; e incide en un tratamiento correcto de las emociones, y que estas no entorpezcan el desarrollo y más aún, ayuden a canalizar las necesidades de las partes.

El objetivo es la resolución del conflicto, que en la Mediación tiene como base la negociación. Si en el desarrollo del proceso mediador ha habido una correcta comprensión y depuración del conflicto, el objetivo principal se encuentra en negociar un acuerdo que sea beneficioso (o por lo menos, no perjudicial) para los implicados en el conflicto. He ahí la clave de la “gestión adecuada del conflicto”: la existencia de una solución no implica que esta sea la mejor, sino que hay que buscar la más equitativa. Resulta en este punto interesante, por ejemplo, el análisis de las distintas implicaciones de la Teoría de Juegos (cap. VII, 4.1).

Si la Mediación busca la resolución del conflicto, la Filosofía Aplicada pretende ir un poco más allá, y atacar la “disolución del conflicto”. En el Bloque II se nos muestran las distintas acometidas que podemos tomar desde la Filosofía Aplicada para hacer del conflicto algo más que un proceso con miras a ser solucionado. La labor aquí del orientador filosófico es ir a la raíz del problema, y en lugar de dejarlo en un espacio estanco como ítem al que buscarle una respuesta, se pretende comprenderlo de tal manera que deje de ser un problema y se reintegre en la vida común, como una experiencia más que nos hace crecer interiormente.

Así, se intuye ya que el camino que tomará la Filosofía Aplicada en su método de trabajo es distinto al de la Mediación. La gestión adecuada del conflicto pasa de la búsqueda de una solución negociada y satisfactoria a que se el propio implicado en el conflicto (con una ayuda mínima de un tercero) indague en un ejercicio de clarificación y compresión de la propia existencia.

Las herramientas de las que hace uso son las que se encuentra el filósofo en su trabajo diario (cap. I, 3): desde la lógica a la propia Historia de la Filosofía. Especial interés tiene la aplicación del Critical Thinking, al que se dedica el capítulo II del Bloque II, que viene a ser activar el pensamiento crítico (haciendo uso de la Teoría de la Argumentación), para dirimir en problemas comunes que pueden relacionarse simplemente con un mal entendimiento de lo expuesto.

De esta manera, las tácticas posibles se ven diversificadas, y con el objetivo de provocar la reflexión sobre el conflicto llevamos al consultante más allá del conflicto, otorgándoles distintas estrategias que propicien a la “reubicación existencial”, y así ver la disolución del conflicto. Contamos entre estas estrategias con el Pensamiento Creativo (cap. III); con distintas dinámicas flexibilizar la capacidad de percepción (cap. IV); o diversos métodos de toma de decisiones, como el que nos llega desde el pragmatismo de W. James (cap. V). El método de trabajo de la Filosofía Aplicada resulta llegado a este punto un haz de opciones bastante amplio que permite al orientador elegir el camino que resulta más cómodo según el problema que se le presente. Personalmente, veo en esta característica algo positivo frente a la metodología definida de la Mediación, si bien este rasgo de la Mediación la hace frente algunos problemas bastante más práctica. La aplicación de cada disciplina vendría definida por la situación en la que tenga que ser adecuadamente empleada.

La Mediación y la Filosofía Aplicada tienen un hueco en la sociedad actual que cada vez se van ganando con más medallas, y este manual da fe de ello. En unas disciplinas que cada vez más piden material formativo, un libro de estas características se recibe como agua de Mayo. La gran multitud de ejemplos, cuadros resumen al final de cada capítulo, casos prácticos, y ejercicios para que el mismo lector haga el “trabajo” del consultor o del consultante hacen de Resolución de conflictos desde la Filosofía Aplicada y desde la Mediación un libro de uso común. Y pese a este carácter, su lenguaje cercano y lectura amena lo hacen válido para la simple lectura informativa.

Y ya sería de buena gana que comenzaran a aparecer en esta segunda década de este tercer milenio gabinetes de orientación filosófica como ya existen de mediación, porque la mayoría de los problemas de la sociedad en sus particulares y en general tienen una sencilla solución con tan poco como la reflexión. Y si bien hay muchísima gente con problemas, también hay muchísimos otros, como atestigua este libro, que están dispuestos a ayudar.

Antonio Flores Ledesma

Universidad de Sevilla

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